APOCALYPSE NOW


Hace tiempo, mucho tiempo quizá, que Francis Ford Coppola no saca ninguna obra maestra de su cámara que todo lo puede y todo lo filma (a la espera de que vea la luz Tetro, su esperado film) por lo que me voy a centrar en un pilar básico de su filmografía, Apocalypse Now. Pensarán que la susodicha filmografía tiene desmasiados pilares básicos pero el cuerpo me pide abogar por la faceta bélica porque sus incursiones en otros géneros son tan o más conocidos que la película a la que intentamos honrar, ahí quedarán para todos los que no las hayan visto, craso error pues son egregios monumentos al séptimo arte, Drácula de Bram Stoker o El Padrino.


Es Apocalypse Now un film sobre la guerra de Vietnam, aquella guerra que dejó más desquicio y enfrentamientos que réditos, una guerra que, a la espera de ver las consecuencias reales de Irak, dejó miles de víctimas corpóreas y miles de víctimas mentales, las secuelas aún perduran y qué mejor que recordarlas y verlas en su máxima crueldad en este film bélico.


Coppola se vale de un reparto de lujo para llevar a buen puerto tan ciclópea tarea, el capitán Willard (Martin Sheen), un soldado atribulado y apegado al olor de Vietnam es reclutado para que mate al coronel Kurtz (un espléndido Marlon Brando), un ex boina verde que se ha apartado del mundo de los vivos para recluirse con su propio ejército en la profundidad de la selva, un Marlon Brando que se erige en susurro durante todo el film y cuando realmente lo vemos no es más que una sombra de un pequeño dios al que todos alaban y obedecen fielmente, un dios que se alimenta del horror y que espera ser derrocado por su igual, un Martin Sheen que lo comprende y le horroriza.


Si nos salimos un poco del hilo argumental puro y duro nos podemos encontrar con un elenco de personajes que ayudarán al capitán Willard a encontrar su indefectible camino, y es aquí y por encima de todos cuando aparece el personaje de Robert Duvall. En un rol que parece no ir con él, Duvall se destapa como un alto mando del ejército estadounidense loco por el surf más arriesgado, un demente con los suficientes cojones como para no inmutarse ante las balas que mueren a su lado o para afirmar que no hay nada mejor que el olor a napalm por las mañanas. Impresionante.


Una película de este calibre atesora clases magistrales del arte fílmico, Coppola sabe como nadie que cámara y planos utilizar para adentrarnos en las atormentadas vidas de sus personajes, recuerdo el principio del film que muestra a un Sheen en un estado lamentable, al borde de la locura y la borrachera, todo enjugado por la canción de los The Doors “The end”; el batallón de helicópteros formado y al ataque al son de Wagner, las sombras que apenas dejan ver a un intocable Brando (a Coppola le debió gustar mucho el cine expresionista de Murnau, Drácula está ahí para afimarlo), la subido por el río con la barcaza… El etcétera es largo, demasiado largo para que mis palabras hagan un elogio como se merece a tan ilustre película.


Este film estuvo plagado de anécdotas e impedimentos que llevaron a decir al director que aquello no fue un film sobre Vietnam sino que aquello era el propio Vietnam. Véanla y si hace tiempo que no la han visto vuelvan a dedicar tres horas de sus vidas a sentarse frente al televisor.