HISTORIA DE LOS HONESTOS TRAGOS DE PEREGRINO Y GINEBRAS
Sin vacilar mucho apuró su segundo gin tonic mientras esperaba mirando el reloj a que volviera su compañero, algo achispado a estas horas de la tarde. Se acomodó en la incómoda silla del Ahorcado Feliz y aún le dio tiempo a pedir otras dos Bulldogs con Tree Fever a la sonriente camarera que pasaba con cuentagotas por los apagados ánimos de las mesas de aquella tarde lluviosa.Terminando de pedir volvía por el pasillo Ginebras, tambaleante y pensativo, su sonrisa sardónica despertó las iras espúrias de Peregrino que musitó a la par que chillaba:
- Anda tonto, siéntate que te he pedido otra.
- ¡Otra macho! Me vas a destrozar los higadillos, ¡cojones!
- Venga no te quejes que sabes tú que te la bebes más a gusto que la hostia puta.
- Bueno, venga, lo que digas, qué le vamos a hacer si las has pedío ya - falsamente reticente.
- Pues lo que te decía - apuntó Peregrino zanjando rencillas tontas- que el otro día probé un poco de Moby Dick y pega un pelotazo de esos profundos y buenos.
- Qué cabrón, esa me dijiste que había ganado un concurso de estos promarihuaneros, ¿no?
- Efectivamente.
- Pues la AK del otro día un poco más y me mata macho, me bajé con unos ojos a lo de mi novia que no me cabían en las putas gafas. No sabía ya que hacer pa que me bajara el pelotazo.
Peregrino oía a Ginebras con lágrimas en los ojos, sus comentarios le hacían recordar el mismo pelotazo pero él estaba sentado alegremente en la comodidad nórdica de un sofá de Ikea mientras Ginebras se tenía que marchar al piso de su novia que aquella noche lo reclamaba antes de tiempo, así que no paraba de carcajearse y lloriquear como una nena.
Imaginemos que la cámara se aleja mediante un travelling que se va fundiendo a negro muy lentamente. La lente nos muestra la mesa del Ahorcado Feliz, los dos siguen con su conversación, absortos en la penumbra.
El negro es casi total, se oye al fondo:
- Pídete otras dos, hostias.








